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jueves, 10 de agosto de 2017

UN VIEJO SAN LORENZO



(Hace siete años en este blog...)
A la llegada de megáfonos de todos los veranos en mi barrio lo llaman verbena y se nota que es fiesta por el ruido y porque ves niños que nunca han ido de la mano y también se les nota, a ellos y a los padres, que se montan en sus zapatos nuevos sin saberlos conducir muy bien y acaban raritos parados delante de una tómbola. Los megáfonos y los dráculas se llevan lo mismo con el sol y también te chupan la energía para que te quedes mirando una cafetera en su caja como si fuera Dios en un frasco. Tú y cuatrocientos más con un papelito roto en la mano. Luego hay manzanas verdes en los mostradores de la calle como si la gente comiera manzanas verdes cuando se está divirtiendo muchísimo, y salchipapas. Las salchipapas son el cubo de basura de un muñeco y los bocadillos de panceta los trapos con los que limpian la roña de las sardinas en la plancha. También están las bombillas en circuito de hasta aquí te puedes reír, por racimos, y un escenario vacío con un niño perdido esperando su megáfono de seguridad o su pederasta, mala suerte. Al día grande de los niños sin padre y las sardinas con más humo lo llaman el día del patrón, que suele ser un santo o una santa en polaroid. Al patrón de nuestros megáfonos dráculas le llaman San Lorenzo y lo trae y sobreviene de un trastero del ayuntamiento un polaco amigo mío. En furgoneta. A las ocho de la tarde lo vuelven a sobrevenir por debajo del circuito de las bombillas y el santo de la parrilla encima de un sofá de claveles, waka waka, barra libre de vudú y fotitos de los gilipollas que nunca faltan en mi barrio, que es muy de gastroenteritis de salchipapas cuando aparece algún concejal acojonado y vestido de tonto, viva San Lorenzo, queda inaugurada esta rana, esta carrera popular de tironeros, este barrendero borracho.

El polaco que digo vive ahora por la Elipa, así que creo que San Lorenzo se viene él solito en taxi esta noche.

domingo, 10 de octubre de 2010

MI BARRIO (y 50)

En mi barrio a las ruinas el ayuntamiento les echa laca para que no se caigan. ¿Que ven a una yonqui? Laca de metadona. ¿Que ven a una vieja en su corrala? Laca de rehabilitación. ¿Que ven a un parado? Laca de verbena. ¿Que ven lo que queda de las Escuelas Pías? Laca Sunsilk. Las Escuelas Pías son la Barbie del escombro, con sus injertos de cristal y un bypass de biblioteca muy de quirófano de clínica para cacatúas fascistas. A un turista en mi barrio le podría parecer que a las Escuelas Pías las bombardearon con un martillo gordo y desde muy cerca, pero lo que les pasó un día después del golpe de estado de Franco es que los anarquistas le metieron fuego al edificio. A lo mejor fue porque la Falange puso una ametralladora en la pizarra de la azotea y hubo didáctica de balas hacia la calle Embajadores y Mesón de Paredes, con resultado de un peatón alumno suspenso y otros cinco con muy malas notas en el cuerpo. Por eso las mechas de los anarquistas y ahora la laca del ayuntamiento. El que sigue sin entrar a clase es Agustín Lara, el mejicano, echándose en bronce un cigarrito en la puerta. Igual que los ecuatorianos ahora, que también se fuman al ayuntamiento y a las emperatrices de mi barrio les ponen nombres de sustos en el Amazonas pero las lavan con agua bendita de nuestro Manzanares de mierda. Cualquier día vuelven a poner los falangistas otra ametralladora en esa ruina de peluquería y se lía otra vez la de Dios es Bakunin en mi barrio. Y para que no falte de nada, un cable teleférico desde San Lorenzo a las Escuelas Pías con un botafumeiro de marihuana y un turista muerto sacándonos fotos.

miércoles, 6 de octubre de 2010

MI BARRIO (49)


Los amaneceres en mi barrio son leyenda. Nadie ha visto uno. Dicen de alguno que alguna vez estuvo a punto pero se quedó dormido o estaba soñando. Por eso lo de la rotación de la Tierra no se explica en los colegios de mi barrio, lo mismo que tampoco se explica la conquista de América o Felipe II, por no molestar y para qué, si todo salió mal. Y en el fondo lo que yo creo que pasa con los amaneceres en mi barrio es que la gente los asocia arbitrariamente con madrugar y madrugar sin motivo es cosa de gente ociosa y, luego, como trabajo tampoco hay, pues la gente lo paga con Dios bendito, la curva del horizonte y la adoración de los Reyes Magos. Eso sí, a los atardeceres sí se les tiene mucha afición en mi barrio porque pronto se cena.

MI BARRIO (48)


En mi barrio hay muchos chinos de todas partes. Los chinos son a mi barrio lo que el excipiente en un medicamento: no es lo que te cura, pero sin ellos no hay patatas fritas en bolsa a las doce de la noche. Cuando un chino se acuerda de su tierra no tiene tiempo y sigue trabajando. Acordarse de una cosa tan grande como China lleva muchas horas y los chinos emplean las horas a doble jornada y todas dentro de la tienda. Porque salen muy poco de la tienda. A lo mejor es que sólo hay dos tipos de chinos: el que está dentro de la tienda y el que está fuera con la furgoneta. Porque un chino sin furgoneta sólo sale de su tienda a perseguir al que le ha robado o a por café. Y nunca verás a un chino tomar un café solo. Siempre con leche y sorbiendo muy fuerte para que todos sepamos que el chino está disfrutando de su minuto de asueto. Pero si miras en el diccionario lo que significa la palabra "asueto", es una vacación de un día o de una tarde, y ya tenemos al chino pegando un grito, que tanto asueto seguro que lo mata. Y lo mismo que los banglis ponen esquelas a la entrada de sus tiendas cuando muere uno de sus jefes allá en su tierra, los chinos ponen un puerto de mar donde te plantan otra tienda en mi barrio. No hace mucho vinieron un montón de cucarachas voladoras en una de sus cajas de cartón con olor a barco y todo el mundo aplaudió mucho por la cosa del intercambio cultural y la tolerancia y que chinos somos todos. Sai Tchié.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

MI BARRIO (47)

Mi barrio es bastante poco de trabajar trabajar. Trabajar sí, a lo mejor, pero trabajar trabajar no. Echan las cuentas de lo que van a cobrar en botellines y si alcanza para las necesidades (cubrir los excesos básicos) dicen vale, cogen despacito el trabajo y a ver qué pasa por faltar un par de días. Por eso en mi barrio no hay nadie de trabajar trabajar. Ni los camareros, que podría sospecharse. Porque en la barra no están todo el rato y a veces ni se les espera en un cuarto de hora. Se pasa la voz y la parroquia se hace de piedra en silencio hasta que regresa el líder laboral y alguien le vuelve a dar al play. Por eso mi barrio es más de abstinencia que de absentismo laboral. Aquí nos comemos una huelga general con patatas todos los días y a nadie le da por asustar a un camarero con un megáfono o plantarse de piquete en la Plataforma de la Construcción a que nadie compre materiales esa mañana. Qué risa, los sindicatos en mi barrio.

sábado, 11 de septiembre de 2010

MI BARRIO (46)

Mi barrio es muy de tecnología punta y de la otra, de incomunicarse lo mismo por satélite que en la carnicería delante de los pollos. Con más canales que en Venecia, no hay muchos que sepan decirte por donde para el Golfo de Messina (ni si es un tío simpático), de qué color es el océano Índigo, o por qué, si la conga es un pasacalles, están así de serios en el Congo con lo bien que se lo pasan en Jalisco. Hay televisiones hasta para el jilguero, pero no sabrían decirte si la Escuela de Franckfurt era pública o de pago. Yo creo que la gente de mi barrio ve la tele que le viene por el aire como la Virgen María vio llegar el rayo de luz en forma de palomo que le iba a dar gusto por dentro sin romperla ni mancharla, y luego mira: tontita en todo lo que le quedó de Biblia. Al niño lo tienen suelto y sin zapatos como un ratón de campo por los bares, pero ellos acaban de hacerse socios de cincuenta canales de veinticuatro horas cada uno como si el día fuera eterno o ellos se fueran a reencarnar en una manifestación de gente sentada y tomando botellines cada uno delante de una tele distinta. Y todo para que al día siguiente en la cafetería la mayoría de la gente de mi barrio haya visto la misma mierda gratis y cada uno, por separado y cagándose en el siglo XXI, tenga ganas de bajar la parabólica del tejado y hacerse una paella como Dios manda con el Ñú que se comen en el National Geographic, da igual a la hora que lo pongas. O eso o acaban de descargarse furtivamente 1.200 películas de guerra o de kárate de internet y a ver ahora de dónde sacan el tiempo, la prórroga del paro y la retentiva. Pero la retentiva en mi barrio es más una cosa de la policía que de la capacidad de acordarte de lo último que has visto en la puta tele y que no sea un resultado de fútbol de seis a cero, perdiendo tu equipo.

jueves, 2 de septiembre de 2010

MI BARRIO (45)

En mi barrio los coches no tienen vida propia ni se les supone, a no ser que el coche venga de fuera y entonces todo el mundo empieza a contar historias de terror alrededor de una hoguera en cualquier bar. Historias espantosas sobre coches, cámaras espías, grúas, policías y ladrones. Coches desaparecidos, coches robados, coches multados... Coches de fuera que lo último que dejan es la estela de su matrícula por cualquier salida de incendios de este infierno y ya no se les vuelve a ver nunca más ni por los cuentos ni por el barrio. El resto de los coches sin vida propia pace mierda de buenos días junto a las aceras o gasoil quemado de buenas noches en cualquier oscuro garaje y no se pregunta por qué no hay vida fuera del barrio, mensajes de otros mundos o la música que van a necesitar de los Chichos para ir a Marte (Orcasitas, Móstoles, Valdemoro) en un vuelo que a lo mejor ni siquiera puede ir tripulado (pero como casi siempre aunque haya uno que parezca el conductor). A lo mejor una vespa sí dice que ayer vio un ovni o algo en las brumosas lomas de la calle Salitre, pero nadie les hace caso a las vespas, con lo locas que están esas motos y lo mucho que les gusta enredar a los mayores, los R4 o la propia furgoneta ferralla de Eusebio, que se lo cree todo de absurda que está debajo de su capa de polvo perenne y sudokus caducifolios en viruta.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

MI BARRIO (44)

En mi barrio las caseras sólo le alquilan las buhardillas al que no sepa lo que es una buhardilla y tenga dinero para demostrarlo. Los que no saben lo que es una buhardilla siempre tienen un padre o siete y un teléfono móvil que les plancha la ropa y les escribe la novela. Las buhardillas de mi barrio son de muchos tipos, pero siempre tienen el tejado en peralte (un día más, una ilusión menos), goteras del género estimulante y las vistas según el final de mes. A los que viven en una buhardilla se les nota mucho porque están en la calle más que nadie como si no tuvieran casa o la casa que tuvieran es la buhardilla que es, con los libros de Galdós sin leer y el póster de Valle Inclán tapado por las cintas de videojuegos o una pila de cajas de telepizza con el sonajero de pan duro todavía dentro.

lunes, 23 de agosto de 2010

MI BARRIO (43)

Mi barrio últimamente es muy último y a la última, como si lo acabaran de inventar los periódicos. La gente se lo cree y viene a inaugurar una moda, una tendencia, un titular. Le puede pasar a un pintor porque aquí están los mejores cuadros, le puede pasar a un escritor porque aquí están las mejores novelas y le puede pasar a un gay porque aquí están los mejores atardeceres. Como si uno de Cuenca no pudiera pasear por Zurich porque allí no hay nada de Cuenca, los gays ahora se vienen a mi barrrio porque les han puesto cosas de Cuenca. Cuenca para la piel, Cuenca para beber natural, Cuenca para bailar y Cuenca para tomar por culo. A nosotros en el barrio como que Cuenca siempre nos ha parecido Cuenca y que cada cual es libre de ser de Cuenca o de ocultarlo, así que los viejos dicen buenas noches o buenos días y siguen echándose un pito o la bonoloto, por eso no entendemos ninguna de las importancias de ver a dos pelones besándose o a dos feas cavando juntas un cimiento. Pero ahí estamos en los periódicos, hasta arriba de Cuenca. Un placer, oiga, y que viva el patrón de las cosas colgantes, pero entre los de Cuenca con sus cosas de Cuenca, los ecuatorianos con sus cosas de Ecuador, los polacos con sus cosas de Polonia, los senegaleses con sus cosas de Milán, los moros con sus cosas de fumar y los chinos con sus cosas de comprar y romper, aquí cada vez van quedando menos cosas del barrio, como un perro cagando a deshoras o una vieja con sus cosas de vieja. Y, últimamente, maricones por todos los lados. Barrio multicular.

domingo, 15 de agosto de 2010

MI BARRIO (42)


Mi barrio es muy de poner barras en la calle, haya fiestas o no, que cuando viene el panadero y tu local está cerrado porque estás borracho él también te deja las barras en la calle y se pira. Las barras de beber que se ponen mucho en mi barrio son las barras de refresco para beber alcohol y también las barras de cerveza para beber más alcohol todavía. Eso es cuando te patrocinan la inconsciencia, queda inaugurado este postcliente. Yo anoche le pedí una limonada de verbena a una camarera mexicana en mi barrio y me preguntó que si quería un refresco de limón, sonriendo abundantemente. A las camareras mexicanas de mi barrio hay que explicarles que la limonada de verbena, limonada a secas por si se consigue iniciar a algún niño, es una mutación religiosa que hacen los santos pistoleros Lorenzo, Cayetano y la Polaroid de la Vírgen Ovipara, mutación religiosa y muy populista del limón rural en limón místico, que como su propio nombre indica lleva vino blanco. El borracherón que se perpetra milagrosamente también es místico cuando te has bebido un vasito en cada uno de los portales con barreño, presidenta de la comunidad y un clavel. Compensó la mejicana su ingenuidad narcotráfica porque luego trajo tardísimo unas quesadillas de su tierra con el picante tan castizo que una guindilla intentó robarme el corazón. Por las mañanas hay dos tipos de barras solitarias en las calles de mi barrio: las que parecen haber pasado una mala noche y las que parecen haber pasado una noche mala, depende de si las han bebido de izquierda a derecha o de derecha a izquierda; en las calles en cuesta suele ser en el sentido de perderse el agua, pero vete tú a saber la de borrachos alpinistas que pudieron presentarse al casting.

miércoles, 4 de agosto de 2010

MI BARRIO (41)

En mi barrio hubo una vez un mendigo pero sus hermanas le pusieron un hospital con cementerio por todo lo alto y no se le ha vuelto a ver. Aprendices de pordioseros sí hay, pero no piden por Dios. Los mejores puestos son los que están más lejos de las bodegas y eso lo saben los aprendices veteranos, pero hay un punto muerto entre la bodega de la calle de la Fe y la bodega de la calle Tribulete (los listos lo llaman equidistante y no le importa a nadie) en el que el pordiosero que pide se vuelve transparente, plim, y si se queda quieto no aparece en toda la mañana. Eso sí, darle dinero a un pordiosero en Lavapiés y esperar a que se saque un título de algo es todo uno. Por lo cual, nones, venga sordos, y ya sólo le piden a los turistas y provocando.

martes, 3 de agosto de 2010

MI BARRIO (40)

En mi barrio no hay cultura del desayuno pero porque la gente desayuna como le da la gana o incluso como quiere, y hasta los hay que hacen la Dieta de la Pena, que es desayuno-cena con un litro de coñac y las que les huelen la tostada son sus mujeres. Para desayunar en mi barrio ni siquiera hace falta estar despierto o haberse levantado o estar vivo. Anda y que no hay camareros que se han desayunado con uno muy quieto leyendo el Marca y era que estaba muerto, el café frío y el chupito a un lado, de reojo: mi dueño lleva muerto tres cuartos de hora, quién ha visto un chupito que dure tanto y en un barrio como este más. Los mejores desayunos de mi barrio son el de los campeones (porra y orujo), el de los subcampeones (churro y orujo) y el de los que hacen la ola en el público pasándose un mini de sol y sombra (anís, coñac y paro). También está el desayuno del que no se ha acostado, un balón a seguir que puede desayunarse una pelea con tropezones o quedarse muy quieto mirando al quieto del Marca como un animal que reconoce a otro en el sendero, mal asunto, Mariano, ese chupito me lo tomo yo o no se lo toma nadie. Ya se me ha muerto otro, que podría comentar el camarero esa mañana cualquiera en mi barrio.

domingo, 1 de agosto de 2010

MI BARRIO (39)

En mi barrio aprendes antes a decir así-así en wolof que a decir buenos días en inglés de oficina triste y eso es porque a Senegal se llega silbando o comprándoles un disco pirata que huele a cacahuete. Y lo que hacen los españoles con una guitarra lo hacen los senegaleses con un cacahuete: maravillas. Nosotros lo llamamos a lo mejor flamenco y ellos lo llaman "mafe" seguro, que es un plato con cordero, arroz y repiqueteo de cacahuete que está para chuparse los dedos, así que la gente ignorante dice que por eso nuestros morenos tienen las manos bilingües, en rosa palo y negro, pero yo creo que los senegaleses tienen las palmas como les da la gana porque siempre están contentos de verse y saludarse todos los días y a cada momento menos cuando los merodea un policía cabrón y entonces ponen todos unas caras de ingenieros aeronáuticos pensando que da gloria verlos. Otra cosa es que se esperaran el paraíso alicatado en España y ahora tengan que vivir en los bajos de los bloques como cuando antes los tenían en los bajos de los barcos y con cadenas. Depende de si a ti te pilla en la siesta o no, pero al corazón no le viene mal escuchar sus carcajadas enteras, sin pizquita de pasado. Para sus familias y amigos en Senegal fijo que ya son los marqueses de España, potentes timadores de locutorio. Pero si se preguntan entre ellos: nanke-nanke, así-así. A quién le toca hacer el mafe hoy.

sábado, 31 de julio de 2010

MI BARRIO (38)

A la llegada de megáfonos de todos los veranos en mi barrio lo llaman verbena y se nota que es fiesta por el ruido y porque ves niños que nunca han ido de la mano y también se les nota, a ellos y a los padres, que se montan en sus zapatos nuevos sin saberlos conducir muy bien y acaban raritos parados delante de una tómbola. Los megáfonos y los dráculas se llevan lo mismo con el sol y también te chupan la energía para que te quedes mirando una cafetera en su caja como si fuera Dios en un frasco. Tú y cuatrocientos más con un papelito roto en la mano. Luego hay manzanas verdes en los mostradores de la calle como si la gente comiera manzanas verdes cuando se está divirtiendo muchísimo, y salchipapas. Las salchipapas son el cubo de basura de un muñeco y los bocadillos de panceta los trapos con los que limpian la roña de las sardinas en la plancha. También están las bombillas en circuito de hasta aquí te puedes reír, por racimos, y un escenario vacío con un niño perdido esperando su megáfono de seguridad o su pederasta, mala suerte. Al día grande de los niños sin padre y las sardinas con más humo lo llaman el día del patrón, que suele ser un santo o una santa en polaroid. Al patrón de nuestros megáfonos dráculas le llaman San Lorenzo y lo trae y sobreviene de un trastero del ayuntamiento un polaco amigo mío. En furgoneta. A las ocho de la tarde lo vuelven a sobrevenir por debajo del circuito de las bombillas y el santo de la parrilla encima de un sofá de claveles, waka waka, barra libre de vudú y fotitos de los gilipollas que nunca faltan en mi barrio, que es muy de gastroenteritis de salchipapas cuando aparece algún concejal acojonado y vestido de tonto, viva San Lorenzo, queda inaugurada esta rana, esta carrera popular de tironeros, este barrendero borracho.

viernes, 16 de julio de 2010

MI BARRIO (37)

En mi barrio hay muchos dioses, aunque siempre nunca ninguno trabajando que se le vea. Hay dioses de aspas y dioses de media luna y dioses de barriguita y dioses que son vacas y hasta cerdos que son como el demonio para algunos. Pero todos sin que se les vea, así que tiene que estar el aire lleno de dioses hasta arriba y eso van a ser muchas de las toses de la gente de mi barrio. Y hasta puede que le reces a tu Dios y el que no te escuche sea el Dios de otro, o que mates un cordero para sobornar al tuyo y la que se lo coma en forma de hostia sea una vieja autónoma. Eso sí, con las banderas para el mundial han estado todos de acuerdo en que tenía que ser un Dios prêt-à-porter rojo y amarillo, cordero para todo el mundo menos para los hondureños, chilenos, suizos, paraguayos, portugueses, alemanes y holandeses. ¿Y los dioses saben a quién no tienen que darle cordero? Otro trabajo de selección para ellos. ¿Y no había ninguno de ésos en el barrio que rechistara? Quitando a un marroquí que ya no dijo viva Alemania más en vida, no. ¿Y los de las banderas en serie que viven en el barrio y son de muy fuera y muy religiosos con sus dioses y con el fútbol saben dónde está España? Tampoco.

miércoles, 14 de julio de 2010

MI BARRIO (36)

En mi barrio hay gente de muy fuera, de fuera y muy pocos con la madre aquí, o a lo mejor sí pero porque se la han traído para que presuma de hijo los primeros días y luego ya no. La gente de muy fuera se trae la distancia en las costumbres, la solamente de fuera tiene los metros como si fueran ahorros, y los de la madre aquí o transportada ni tienen costumbres ni tienen ahorros, y casi todos están robando en el paro o en otro sitio. Cuando a los andares los llaman inmigración, a un mal paso lo llaman tolerancia. Y ser multicultural quiere decir que a una tambora hay que llamarla de doña y a un navajazo de usted.

viernes, 2 de julio de 2010

MI BARRIO (35)

En mi barrio hay gente que se amamanta de un grifo de palabras sin gas y luego las suelta en las calles y hasta en los bares y luego eres tú el que huele a España o a En Mis Tiempos o a Trabajo o a Porque yo. En mi barrio es raro que huela a palabras nuevas o a palabras fuertes o a palabras con gas. El otro día dije "minifundio" y uno se quería poner esa palabra de nombre aunque fuera una cosa agrícola. Minifundio, hijo de Latifundio, víctima su madre de un endémico matriarcado, cayó por la viruela. Por eso en mi barrio ven unas gafas que no sean de sol y creen que es un título. Las gafas de noche son de leer pero sin faltar, que no demuestre un poquito un mínimo una pizca de inteligencia, que eso es pornografía. Vuélvele la cara al niño, busca escandalosamente en tus bolsillos si tienes para comprar huevos y disimula tirándote un pedo con perdón.

jueves, 3 de junio de 2010

MI BARRIO (34)

En mi barrio los locales evolucionan para sobrevivir o matarse entre ellos como los bichos. La selección natural a lo tremendo. Una célula de mercería que se transforma en un germen de locutorio que se convierte en un bicho cometabiques y ya se ha cargado la frutería del vecino por la vía de fagocitarla y mutar luego en un tigrazo con moscas y es un restaurante bangli al que se le enfrenta en el sendero un perraco rabioso tetería marroquí que en otra vida venía de ser pachón Bar Manolo. La gente dice que hay un millón de enanos cabrones trabajando por las noches para que tú al día siguiente vayas a comprar un dedal y tengas que comerte un kebab, quieras o no quieras, y el dedal una papaya. Digo yo que si fuera un millón de enanos cabrones, lo sabríamos en mi barrio, pero no es cuestión de fiarse, que si caben veinte pivots senegaleses en un piso de treinta metros y casi en secreto, vete tú a saber cuántos enanos cabrones tenemos infiltrados ya a estas alturas. Qué gracia, "alturas". Eso sí, que se sepa, fotos de un enano mutando un Banesto en una carnicería halal mirando para la Meca, no hay todavía. Bastante mala fama tenemos ya como para que.

martes, 1 de junio de 2010

MI BARRIO (33)

En la Isla de Pascua hay moais. En mi barrio hay pesados y profetas muy parecidos y también echados de casa. Te cuenten lo que te cuenten, te lo cuentan en piedra, por eso la gente los llama peñazos. Los peñazos de mi barrio pueden ser jóvenes, pero a partir de los sesenta años o más es cuando van teniendo superpoderes. Los peñazos buenos de mi barrio son capaces de arrinconar a una persona hasta al aire libre y pueden simular el ruido de un molinillo de café o el de un calentador de leche a toda potencia en una frase copulativa cortita. Por eso yo creo que son los únicos superhéroes que hay en mi barrio y habría que hacer algo como un tebeo o comprarles una capa o ponerles un nombre secreto que lo sepa todo el mundo. Mucho mejores y más pintones que los de la Isla de Pascua. Dónde va a parar. Eso sí. Si te los encuentras y estás solo, date por salvado. Pero si te los encuentras con más gente, lo mejor para que no te salven es bailarles un sirtaki con sombrero, como hacía toda la gente con Supermán, aunque nadie se atreviera a pintar lo del sirtaki defensivo en el cómic.

miércoles, 26 de mayo de 2010

MI BARRIO (32)

Mi barrio tiene muchos suicidas vivos, de los que se matan todos los días. Los hay de un intento largo (a lo mejor una ilusión) y los hay de muchos intentos (a lo mejor una inconstancia), y vuelta a empezar. En mi barrio se respeta mucho a los suicidas, como a las estatuas vivas (no confundir con los mimos, esas patrañas de la muerte), los perros con carácter propio o los barrenderos enérgicos barre-barre, buenos días, barre-barre. Se respeta mucho a los suicidas lo mismo que a la gente que ya se ha muerto: para que luego digan que no sabemos apreciar el esfuerzo. Los suicidios más bonitos son por amor y se hacen con una bebida distinta a la de todos los días. Los suicidios que más gente apiñan unas veces son las bodas, otras veces las drogas, y otras veces un trabajo en la calle. Aplausos. Y suicidas con pensión, en los bares casi siempre.