ENTREVISTA (ESPLÉNDIDA) A FLAVITA BANANA EN YOROKOBU
Flavita Banana no tiene pelos en la lengua, los tiene en
los sobacos
POR
05 MARZO 2019

Arranca Archivos Cósmicos, tercer libro
de la viñetista Flavita Banana, con una broma interna, vaticinando que la
autora se beberá y fumará los beneficios de este libro. Ella está ahí,
cumpliendo su promesa y apurando un tercio junto a su editor, Manuel Bartual, y
su vecino, el también ilustrador Sergi Moreso. En una hora presentará Archivos
Cósmicos en este mismo espacio, una librería café del centro de
Madrid, así que Flavia, Flavita, diluye los nervios en cerveza.
No disfruta estos momentos de protagonismo, pero los acepta
con deportividad, como los daños colaterales de un afortunado accidente. La
verdad es que nunca pensó que acabaría envuelta en esta historia. Libros,
presentaciones, entrevistas… La fama le pilló por sorpresa. «No es que fuera de
repente», matiza dando un trago, «de hecho fue muy gradual, fue una mezcla: por
un lado la gente me empezaba a contactar, por otro lado me fue gustando lo que
hacía».

Para llegar a este punto de autoaceptación, Flavita fue
desprendiéndose de cosas. De ojos, de cejas, de colores. Sus dibujos se
erosionaron de detalles, se simplificaron en el trazo. «Fue por una cuestión de
vagancia y de practicidad», explica, «necesitaba contar de forma simple lo
que quería expresar».
Esta evolución, cuenta la ilustradora, se fue dando de
manera orgánica, casi improvisada, «no pensé, “voy a hacer viñetas”, pensé que
estaba simplificando la ilustración y añadiendo texto, pero me empezaron a
contactar los periódicos y me di cuenta de que lo que estaba empezando a hacer
eran viñetas de opinión. Y que mi opinión contaba».

Tiene la risa atronadora y el verbo fácil. Suelta frases
contundentes, como lo hacen sus dibujos y hoy lleva una camiseta rosa de
eslogan pegadizo: Stephen Queen. Flavita Banana es tal y como uno la imaginaría
leyendo su trabajo. Quizá sea porque la protagonista suele ser ella, porque las
viñetas plasman sus obsesiones, ideas y manías. «Yo digo siempre lo que me
parece a mí. Si quien lo lee comulga con ello me parece bien, si no, no pasa
nada».
Flavita lleva años huyendo de etiquetas reduccionistas.
Cuando empezó a despuntar muchos la definieron como viñetista femenina, un
concepto contra el que ella se rebeló. Ahora, en medio del bum editorial que
vive el feminismo, son muchos quienes la definen como viñetista feminista.
«Soy viñetista y soy feminista» arranca ella cuando se le
pregunta por lo ajustado de esta definición, «pero estoy bastante convencida de
que el frutero de debajo de mi casa también es feminista. Y el cartel de su
tienda no pone “el frutero feminista”. El feminismo, cuando se lleva a
producto, es mirar el dedo y no la luna», concluye.

Flavita Banana habla y mucho de feminismo en sus viñetas.
También habla de redes sociales, de sexo, de amor y de desamor. Y de política.
Y de suicidios. «No quiero ofender a nadie, pero es que el suicidio me parece
la broma final, sobre todo los colgados. Me interesa el concepto de usar el
peso de tu ser para acabar con tu ser. Si no pesaras nada no te morirías,
tienes que usar tu cuerpo para morirte. Y eso me parece poético, curioso y
absurdo».
Flavita se ríe de todo, incluso de la muerte. Define su
trabajo como humor triste y defiende que se puede enarbolar un discurso político,
combativo incluso, desde el humor. «Me parece la mejor de las formas» asegura.
«Y es que yo te puedo hablar de un tema con el que no estés de acuerdo pero si
lo hago desde el humor, al menos me escucharás y te echarás unas risas».

De esta forma ha amasado cerca de medio millón de seguidores
en Instagram, combinando risas, sonrisas y reivindicación. A pesar de este
éxito digital y de tener una gran relación con los medios y sus seguidores,
Flavita confiesa que si pudiera congelaría esa cuenta y no ganaría un seguidor
más.
«A mí lo que me gusta es el oficio de viñetista de
periódico. O los libros. Y sé que la gente del papel desdeña un poco el gran
triunfo de internet. Ven un millón de seguidores y solo piensan: viral. Por eso
creo que en muchos casos me perjudica tener tantos seguidores».

Pero el perjuicio no ha sido para tanto. Sus viñetas se
asoman a menudo a las páginas de Mongolia, El País o Smoda.
Y publica libros. La presentación del tercero está a punto de comenzar, así que
Flavia, Flavita, apura su cerveza y reflexiona. «¿Sabes lo más alucinante de
todo esto?» inquiere, «saber que siendo una recopilación, que todo este libro
lo puedes ver en internet, haya gente que quiera comprar el libro, sentarse en
el sofá y pasar un rato con un libro en papel. Eso me alegra por mí, claro,
pero me alegra sobre todo por la sociedad».
Gracias a Enrique Alpañés
Gracias a Yorokobu.
Aquí el enlace en internet.