TEORÍA DEL PAPEL ESCRITO
Plántese un hombre
Recójase al cabo de su primer reír
Córtese en finas tablas su madera de hombre
Las finas tablas a su vez en láminas de tal grosor finas que un instante después de dicho grosor
Se viera a su través de finas de más
Dése a tales láminas con viento de abanico de bruja salpicaduras de leche de burra alegre
Hasta que el color azul de la madera se vuelva blanco noche
Provéase el aprendiz de tizne endurecido
Y aplique su punta sobre la lámina y arrastre su punta en la lámina y gire arbitrariamente su punta
Por toda la lámina alzándola y bajándola intermitentemente con diferente presión
Y ángulo de ataque tal
Que el blanco de la lámina quede todo él entreverado de líneas negras sin sentido
Y dígase luego el aprendiz que ha escrito algo
Y vuelva luego el aprendiz a plantar un hombre
De cara al segundo folio
Siempre más fácil que el primero




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Buenas apuestas, buenos caballos, buenas carreras. La tribu. Con una cerveza y un bocata de chorizo criollo mejor. Luego las pipas. Achinar los ojos para ver tus colores en la recta de enfrente. La megafonía estropeada. Achinar los ojos para ver tus mantillas en la recta final. Luego las pipas. El cigarro esperando los dividendos. A cuánto la gemela. A cuánto el trío. Y pensar que te obligaban a pasar las mañanas de los domingos yendo a misa... Un ratito de paddock por todas las parábolas y las cartas a los Efesios... Ese potro. Esa potranca. Esos relinchos. Ese cigarro de respeto, como en los funerales o en las confesiones de los amigos. Indian Lou, Lince, Incendio, Feitizo, Usaquen, Alentejo... Achinar los ojos.


