DE ESCULTORES, ESCULTURAS Y CABEZAS


Y así, otro premio nobel español, Severo Ochoa, tiene una escultura en la que se asoma cabreado fuera de la ducha a ver quién leches le ha quitado su champú de fosforilasa. No en vano su nombre completo era Severo Ochoa de ALBORNOZ (no pasa nada, Gregorio Marañón era Posadillo de segundo).
Otro despropósito de escultura es la de Doña Emilia Pardo Bazán, nombre gordo donde los haya, y ella que lo disfrute. Cómo trataría de disimular el artista la gordura de la seña que la acabó resaltando aún más. A mí siempre me ha parecido que la cabeza de Doña Emilia está tratando de salir con todas sus fuerzas de una especie de trampa de ropa. A desnudarla se dice que la ayudaba mucho Benito Pérez Gáldós, canario de infinita paciencia.
Y como se ve, al hombre no le quedó muy buen cuerpo después de eso. Pregunta a los escultores que aceptan estos engarguitos: ¿Alguna vez los artistas e intelectuales podrían tener algo más que cabeza? A que si os pide una escultura Tarzán...
Foto Gavilan-Edu








































