miércoles, 7 de junio de 2017

UN VEGANO QUE RESPIRA SE CONTRADICE


Metafísicas aparte, me gusta comer. Y me gusta la gente a la que le gusta comer. Carnes, pescados, verduras, legumbres, quesos, salazones, embutidos, frutas, postres. A cuchara y a tenedor. En barra y en mesa. En casa o en palacio. Con pan o con hostias. Luego tengo mis tabúes, que pueden ser perfectamente limitaciones como ser manco, sordo, ciego o dogmático (minusválido de luces): no como mollejas, entresijos, gallinejas, caracoles, oreja o marisco vivo, ya sean ostras o almejas; tampoco pescado crudo, aunque perdono los boquerones en vinagre porque los llevo en el ADN (sí, también practico algunas formas del canibalismo, incluso en la cama con el género complementario). Disfruto con la comida y en la comida. Me encanta esa alegría animal o sofisticada, según, de celebrar la vida... Pero cuando uno está en plena charanga, no sé si es lo más apropiado que te traigan una partitura. O que venga el cocinero a regañarte porque te estás comiendo el pollo con los dedos de comer las chuletas de cordero. O, y es a lo que voy, que se te siente al lado un vegano, una vegana, que también celebrará la vida, pero sólo por la parte de las habitas, y antes habrá pedido que se las hagan sin taquitos de jamón... Mis respetos por cada uno de los gustos de la humanidad toda, pero, cachis en la mar, que no tenga la mala suerte de que se me sienten al lado. Y, sobre todo, que no me los expliquen. Sus gustos. Sus argumentos. Sus maravillosos dogmas de manco, de sordo o de vegetariano yihadista. Que no coman cerdo por Alá o por respeto a los cerdos, que no coman ternera por hinduistas o por respeto a la adolescencia de las vaquitas, que no coman merluza por empatía con la inteligencia emocional de las merluzas. Que no beban leche y que no coman huevos ni quesos porque su "religión" les prohíbe disfrutar con nada de ORIGEN ANIMAL. Oh, crimen inmundo... ¡Infame especie depredadora que come cigotos de ovíparos con vísceras estuchadas (huevos fritos con chorizo)! A todas esas compañías se adapta uno y no siempre es la tolerancia o el estar bien educado, sino la paciencia o incluso la pereza... ¿¡¡Pero que alguien no coma MIEL porque también tiene origen animal...!!? ¿¿¿La miel??? ¡¡¡Si son flores!!! ¡¿Qué me estás contando, muchacha?! ¿El único alimento imputrescible? ¿La única comida eterna? ¿La "sal" de la vida? Ahí dije basta. No puedo. Consiento tener a mi lado a una tipa que se autolesiona con una mentalidad patógena haciéndole radiografías hasta al vino de mesa, pero el apostolado subnormal de defender a las abejitas porque las explotan haciendo miel a latigazos... No. Por ahí no. Se me han arrimado beatos, antitaurinos, culés, postmodernos, peperos, abstemios, franquistas, comisarios de policía, ladrones, asesinos, presidentes de comunidad, camellos, fundamentalistas del chotis y negacionistas del Boom de la literatura hispanoamericana -tengo orejas de acero, como Mazinger Z-, pero una mujer (joven, guapa, leída, y en principio inteligente) tratando de argumentar seriamente que no comía miel en solidaridad con las abejas... No. Jamás. Heráclito -El Lloroso- habría soltado la carcajada, a Epicuro le habría dado un infarto y Diógenes le habría atizado un tarrazo con el hueso del candil... Así que le apliqué de inmediato el Principio de la Navaja de Ockham: "Esta tía es GILIPOLLAS". Y en ese momento le pedí que dejara de respirar. Tal cual. Con la misma seriedad con que ella se autolesionaba con la miel. Que nos hacía falta al resto de los seres vivos esa injusta porción de oxígeno con la que ella estaba esquilmando al planeta. Que por algún lado se estaba rompiendo terroríficamente la cadena y que Pachamama sufría. Pachamama se lamentaba amargamente y la señalaba con el dedo. Tú, sí, tú... La que respira en nuestra contra. Si la habían puesto en la Tierra entre paréntesis, pobrecita, que se lo cerrara por arriba, que se lo cerrara por abajo, como un fiambre en un barco pirata, y a tomar por saco por encima de la borda, que no iban a faltar voluntarios para hacerle el favor. Pero que dejara de respirar a mi lado. Ya. ¿Vamos a la coherencia o no vamos a la coherencia...? Te vuelves a meter con la miel y te arranco la cabeza en persona, a ver si sigues yendo por ahí en metáfora... Y otra vez me he vuelto a calentar, como ayer.

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