lunes, 23 de diciembre de 2013

LA MADRE DE BAMBI (y 4)



4

            Como las estudiantes de puericultura, los políticos practican con niños de juguete a darles besitos y a tenerlos un segundo en brazos para sacarse la foto. Como los gigolós de crucero, los políticos besan señoras mayores y se dejan coger del cuello por abuelas histéricas. Como los culturistas de gimnasio, los políticos entrenan con mancuernas durante la campaña electoral para luego poder darle la mano a doscientas personas por minuto y transmitir la “firmeza de mancuerna” y la “honestidad de mancuerna” a sus sorprendidos electores. Como maniquíes de sombrerería, los políticos se prueban cascos de minero, cascos de ciclista, gorros de pastelera, gorras de béisbol, gorritos de cirujano y peinetas de madrina, y practican delante del espejo sus caras de ministros del infarto de miocardio, diputadas de la Virgen del Rocío, vicepresidentes del grisú, aforados del raspón en el codo, neurocirujanos del plan de embalses, embajadores de la pera conferencia y concejales de fiestas de la invasión de Irak. Como premios nobeles en su discurso al rey de Suecia los políticos ensayan delante de sus madres muertas a decir en sueco: implementación de recursos, mercado financiero, parado de larga duración, inmigrante delincuente, aborto asesino, sindicato trasnochado, huelga ilegal, homosexual enfermo, voto responsable, ajuste necesario, protesta antisistema, propaganda filoetarra, crecimiento negativo, desaleración positiva, cadena perpetua revisable, seguridad ciudadana, respeto institucional y te voy a dar por saco en los cien dialectos del lapón que han comenzado a aparecer en el diccionario Castellano-Eufemismo, Eufemismo-Castellano: di que sí con la cabeza, mamá...

            Con estos sólidos mimbres, si el parlamento español fuera sepultado por la nube de ceniza que sorprendió a Pompeya, la inmoralidad de muchas de las posturas de los diputados impediría exhibirlos al público en vitrinas.

            Y por lo demás, en cuanto a su voluntad de servidores públicos, unas veces aplican la misma técnica que la familia de los Pelayos en los casinos (hacia dónde se inclina la mayoría de las ruletas, hacia dónde se inclina la ruleta de las mayorías), y otras, directamente, la de los vaqueros en la estampida que han provocado ellos mismos: se trata de pegar los tiros sobre las orejas de las bestias adecuadas y el resto de la manada irá como sobre un papel minutado hacia el único lugar del río donde hay esperándoles un cocodrilo a sueldo de la casa. Tiros o titulares, que vienen a ser lo mismo. “Hay una serpiente en el zapato de la Seguridad Social”. “Hemos visto un alacrán en el abrevadero de los sindicatos”... Vaqueros de Marlboro con el título en ICADE y un máster de lazos al cuello por la Universidad de Keynes, oh, yeah.

            Sin ninguna concesión a la inteligencia, a la alegría de vivir o a la empatía con la gente, sólo con la razón de la manada enloquecida y los tiros de los vaqueros políticos zombies representantes lecheros a los que has dotado de superpoderes con tu voto vudú, ¿a quién le importa lo que le pase a ese pobre cervatillo en mitad de la estampida de tiranosaurios, diplodocus y tanques de la Democracia a las siete de la mañana?

            Se parecía a la madre de Bambi, colega.
           
No sé qué balaba de Democracia Real y del Quince Eme en dibujos animados...
           
Sí. Se parecía a la madre de Bambi.

Pero eras tú.


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