martes, 31 de marzo de 2020

DIARIO DEL CORONAVIRUS EN ALGÚN LUGAR DE LAVAPIÉS (18º DÍA DE CUARENTENA)


Nuevo récord de muertos y una gran tristeza de inmediato. La curva no se aplana. La curva se eriza. El puto pico tiene dientes.

Con el cambio de horario tengo mejor localizados a los vecinos de enfrente a la hora del aplauso a los sanitarios. No es bueno, en el fondo no es bueno a pesar de lo que ayuda la nueva luz a la complicidad y el apoyo mutuo. Y no es bueno porque estoy empezando a contarlos y a distinguirlos por su figura en los balcones. El vecino calvo y con gafas del último balcón hacia la izquierda, el que grita desgañitándose "¡Vamos!", las dos abuelillas de pelo blanco que viven juntas, Mercedes Pelazo, la sevillana amiga del primer piso sobre la tienda de muebles en la calle Argumosa... Que no me falte ninguno mañana... Creo que mi vecino de enfrente, el del bar, también ha empezado a contar. Hace un ratito nos hemos saludado contentos con el brazo entre palma y palma. Incluso me ha parecido que su madre también lo hacía.

Falsa sensación de posguerra en la comida. Lluvia helada fuera y en la mesa una humilde sopa de ajo y una ensalada de hierbajos... Ni guerra ni posguerra. De las gotas inclementes nos protegían unos cristales fantásticos con aislamiento climalit, la sopa de ajo contaba con un magnífico huevo ecológico escalfado como si se hubiera tirado dentro Esther Williams vestida de novia, y los hierbajos eran de rúcula. Si el coronavirus nos fusila a todos, el paredón será un forillo moderno de youtuber.

Ni siquiera vintage.

En un momento glamuroso de mi vida le di la mano a Paco Roca, el genial dibujante de "Los Surcos del Azar". Hoy se le ha muerto el último protagonista de ese libro, Rafael Gómez, el superviviente de LA NUEVE. Él tampoco pudo con el coronavirus, que lo alcanzó en su casa de Estrasburgo, Francia. Con noventa y nueve años habrá quien piense que don Rafael era "grupo de riesgo"... Que nadie se equivoque: si estás a su lado y eres de los malos, el que corre peligro eres tú... Después de haber esquivado las balas de los nazis, después de haber recibido el impacto en su pecho de la Legión de Honor francesa, quiero creer que el bicho lo cogió por sorpresa, lejos del semioruga.

El hospital de campaña de Ifema corrige los fallos de organización y suministros del fin de semana. No debe de ser fácil improvisar un centro sanitario de cinco mil camas donde antes se exhibían plátanos a cien mil euros por estar pegados con cinta aislante a un lienzo.

En Móstoles están de repente fabricando respiradores no sé cómo. Ojo con Móstoles, que mañana te los sacan de sabores... Sí, parece que nos crecemos en el castigo. Me viene a la cabeza la 2ª Guerra Mundial y algún gesto similar, como el de los ingleses durante la batalla por la primacía aérea contra los nazis. Llegaron a derribar aviones de la Luftwafe a sartenazos y no es un chiste. Estaban tan faltos de recursos para sus tropas, sobre todo para esos aviones de la RAF (Spitfires y Hurricanes) que se estaban batiendo el cobre allá arriba, que hicieron acopio de todo el menaje del hogar que pudiera aportar la gente para fundirlo en las castigadas fábricas de armamento. Así que acabaron despejando su cielo de cazas y bombarderos nazis como digo, a sartenazos. Viva Móstoles. Viva Andrés Torrejón (también de Móstoles: la de veces que se lo tuvo que explicar el hombre a los franceses y a los gaditanos de las Cortes de Cádiz, que seguro que se descojonaban a su manera).

Francia, Inglaterra, nazis... Esto parece el Diario Internacional del Coronavirus desde alguna beca Erasmus.

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