sábado, 30 de abril de 2016

QUEMADOS, PERO TODAVÍA QUEDAN PERIODISTAS


En estos tiempos de ordenanzas disfrazados de periodistas y de pregoneros disfrazados de tertulianos, José Martí Gómez, arriba. Un maestro. Literalmente un maestro de escuela. Y probablemente lo habría sido, y de los cojonudos, si no le hubiera picado (como a Spiderman) por la mancheta del Diari de Barcelona. De ahí hasta ahora, pegándose de hostias contra el poder y librándose de más de un fusilamiento por teléfono de parte de algún político con trono. Veterano de El País, y actualmente más quemado que los rulos de cocaína de los peperos valencianos, acaba de escribir "El Oficio más Hermoso del Mundo". ¿Un dedo índice manchado de nicotina apuntando directamente al culo de Cebrián? Hablamos de oficios, no de orificios. Aunque al IBEX le parezca hermosísimo. En cuanto tenga un rato, a leerlo. Digo el libro. A mí me cuentas una anécdota divertida con periodistas y ministros, y ya me tienes.

1 comentario:

  1. ¡Viva el 1º de Mayo! Era este un grito, entre alegre y resquemado, que lanzaban al aire en las mañanas (que solían ser soleadas) de día tan señalado nuestros heroicos padres, nuestras abuelas que fumaban picadura y que leían El Socialista en el ateneo obrero. ¡Viva el 1º de Mayo! No hacía falta decir más, explicar por qué tenía que vivir el primero de mayo, que por qué la gente bullía como hormigas (rojas) en torno a los pendones rojos con la pluma y el yunque socialista, con el rojo y negro libertario.
    ¿Habrá que explicar a las nuevas generaciones qué pasó un lejano (pero no tanto) primero de mayo en la brutal Chicago? Lo malo es que, explicado, me temo que iba a ser escaso acicate, referente, aglutinante, rubefacciente, detonante, enardeciente en el consciente (?) de la gente. Cada poco mueren achicharrados en talleres subterráneos de Bangladesh cientos de neo esclavos y aquí no pasa nada. Pero habremos de remontarnos al no menos brutal New York de 1911 para recordar la incineración de 123 mujeres y 23 varones, porque sus patrones los habían encerrado (no fueran a hurtar alguna camisetilla, que la propiedad privada es la propiedad privada) en la fábrica y, al no poder escapar, ardieron como antorchas. Y además... Pero no sigo, que me disperso:
    ¡VIVA EL 1º DE MAYO!

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